Exposición: “INTER – ACCIÓN” by Juliana Rojas

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No quiero hablar de circunscripción, composición, ni recepción de luz. Quiero hablar de mi sentir ante la obra de Norman Mejía y Camilo Calderón, expuestas en el Colegio Mayor de Bolívar, entrando por la calle de La Artillería.

Inter-acción se llama la exposición. Y sí, hay definitivamente una interacción bien lograda entre ambos artistas. Debo confesar, que no conocía al artista Norman Mejía ni su obra, y se me presentaron como un baño de agua fresca. Norman, artista cartagenero, lleno de complejidades, por lo que se vislumbra en una corta entrevista que podemos ver en un pequeño salón de la sala de exposiciones en la que se encuentran las obras. Camilo Calderón, artista bogotano que vive en esta ciudad en donde el sol muere más bonito y que tuve la suerte de encontrármelo en la galería, y quien interactuaba con los visitantes en nombre de los dos, porque a Norman, ya le he es imposible estar de cuerpo presente.

 

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De la mano de Camilo, recorrí cada una de las obras allí expuestas, en silencio las contemplé y por primera vez, me permití hablar de mi sentir, porque si bien disfruto de la pintura, no me he sentido nunca capaz ni en el derecho de poder exteriorizar lo que las obras me transmiten; siento que es un proceso tan íntimo, el del artista con su obra, y que  va mas allá de la mirada del espectador. Sin embargo esa tarde lo hice y ahora lo hago nuevamente.

La pintura de Norman Mejía que se encuentra expuesta, está llena de colores y de espíritus. Siento la mano de alguien en una etapa de reconocimiento de su oscuridad, de sus demonios y del alcance de su luz. Como cuando toma uno por vez primera el sagrado remedio del Yagé y comienza el baile de luces que avecinan una pinta llena de tormentos y a la vez llena de descubrimientos, sonidos de selva y miedos ancestrales. En algún lado leía que Mejía murió creyendo en su pintura y que partió acompañado de esos espíritus que juraba, lo acompañan siempre. Yo no creo que los espíritus de Norman se hayan ido con él, por el contrario, creo que quedaron escondidos, viviendo en sus obras y que si uno se acerca con cuidado, de ladito como quien no quiere la cosa, tal vez tenga la fortuna de que se dejen ver.

 

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Por el contrario, los espíritus que se encuentran en la obra de Calderón, parecen que fuesen viejos amigos del artista. Me da la sensación de alguien que ya transitó por el oscuro camino de sus demonios y que regresó de allí con la tranquilidad de saberles la cara y de que en la comunión bien lograda de ellos con sus seres de luz, puede verse enriquecida su pintura. En la luna roja de Camilo, me reconocí como uno de sus fantasmas, la maga que vive dentro de mi, aquella que esta presente en esa pintura y que si la detallan bien, podrán verla vestida de capa negra, gorro de invierno y entre sus manos una esfera de cristal, cargándose de la energía que esa poderosa luna le da para presentarnos un futuro no muy claro.

La interacción se da, no en la similitud de algunos colores, ni en la redondez de sus cuadros, sino en  la lucha entre la vida y la muerte, que se encuentra plasmada allí. En el baile, a veces caótico, de demonios y ángeles, que no buscan dar respuesta a la incertidumbre que es la vida, sino mas bien, hacerle reverencia, no a la vida, sino a la incertidumbre.

 

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Juliana Rojas Román

Twitter: @jrojasroman

Instagram: @juliana_rojas_roman

 

 

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